Oscura Luz
Poesía y canciones de vida y muerte, de amor y desamor.
Agostina Ciccone
AQUI YACE MI VOZ
aquí yace mi voz
no dejen flores ni lamentos
porque el requiem ha terminado
y no queda más que decir
Agostina Ciccone
EL OTRO LADO
dejaré mis ojos marchitos
y mi corazón abierto
al borde del arroyo
.
dejaré que mis pies toquen el agua
-si tan solo eso bastara
para limpiar el alma de todo pecado-
.
en la orilla
arrojaré un poema al aire
y veré cómo en vez de convertirse en pájaro
se aleja perdido en nubes de lluvia y fantasmas
-desde allí mi corazón
no es más que un diente de león
teñido de carmín y rosas-
.
iré al otro lado
y desde allí contaré cada piedra
y cada rayo de luna que decoraron mi camino
tenderé sobre las ramas
cada gesto y aroma que alguna vez me alborotaron
y veré cómo mis sueños
se adormecen sobre los lirios
iré al otro lado
.
no sé si vuelva
al borde del arroyo
.
dejaré que mis pies toquen el agua
-si tan solo eso bastara
para limpiar el alma de todo pecado-
.
en la orilla
arrojaré un poema al aire
y veré cómo en vez de convertirse en pájaro
se aleja perdido en nubes de lluvia y fantasmas
-desde allí mi corazón
no es más que un diente de león
teñido de carmín y rosas-
.
iré al otro lado
y desde allí contaré cada piedra
y cada rayo de luna que decoraron mi camino
tenderé sobre las ramas
cada gesto y aroma que alguna vez me alborotaron
y veré cómo mis sueños
se adormecen sobre los lirios
iré al otro lado
.
no sé si vuelva
Rumi
AHI AFUERA
Ahí afuera, mas allá de ideas de bien o mal, hay un lugar
Nos vemos ahí.
Cuando el alma yace sobre la yerba
El mundo esta demasiado lleno para hablar de él
Las ideas, el lenguaje, incluso la frase 'cada uno'
No tienen sentido.
Nos vemos ahí.
Cuando el alma yace sobre la yerba
El mundo esta demasiado lleno para hablar de él
Las ideas, el lenguaje, incluso la frase 'cada uno'
No tienen sentido.
Rumi
¿QUIEN HACE ESTOS CAMBIOS?
¿Quién hace estos cambios?
Disparo una flecha a la derecha
Cae a la izquierda.
Cabalgo tras de un venado y me encuentro
perseguido por un cerdo.
Conspiro para conseguir lo que quiero
Y termino en la cárcel.
Cavo fosas para atrapar a otros
y me caigo en ellas.
Debo sospechar
de lo que quiero.
Disparo una flecha a la derecha
Cae a la izquierda.
Cabalgo tras de un venado y me encuentro
perseguido por un cerdo.
Conspiro para conseguir lo que quiero
Y termino en la cárcel.
Cavo fosas para atrapar a otros
y me caigo en ellas.
Debo sospechar
de lo que quiero.
Berta García Faet
BREVE EJERCICIO LOGICO SOBRE LAS GOMAS DE BORRAR
Tú sostienes desde hace muchos años (lo recuerdo)
la abominable tesis de que olvidamos lo desagradable.
¿Cuánto, si esto es cierto, se nos escapa para siempre?
¿Qué hay más abominable que el olvido mismo, en los otoños?
Ya que es desagradable en exceso ser consciente,
saber, o intuir con eficacia,
que estamos olvidando gravemente
-saber
que los detalles, el núcleo incluso,
se volatilizan sin remedio,
y todas esas diminutas muertes celulares programadas,
y toda esa piel muerta y todas esas cicatrices-
(¡cuando estamos a tiempo aún de salvar una parte:
aquí está la tragedia!),
esto también lo olvidamos gravemente;
en algún intervalo rebelde del estado consciente,
olvidamos que olvidamos y seguimos
olvidando que ya olvidamos previamente;
y así la destrucción de los ojos y de la memoria
-y de la única vida posible: la vida concreta-
(¡en progresión geométrica y terrible:
aquí el rigor del mundo, aquí su contumacia!)
queda apaciguada por el tiempo; la memoria
queda arrasada por el tiempo,
que es a su vez el desierto-campo-de-batalla
de la guerra entre real, interpretado y retenido;
y así (concédeme, mujer, que éstas son las conclusiones
más razonables respetando estrictamente tus premisas)
olvidamos que olvidamos y parece
que sólo pasa lo último que pasa,
que pasa la vida sin aportarnos más que pizza.
la abominable tesis de que olvidamos lo desagradable.
¿Cuánto, si esto es cierto, se nos escapa para siempre?
¿Qué hay más abominable que el olvido mismo, en los otoños?
Ya que es desagradable en exceso ser consciente,
saber, o intuir con eficacia,
que estamos olvidando gravemente
-saber
que los detalles, el núcleo incluso,
se volatilizan sin remedio,
y todas esas diminutas muertes celulares programadas,
y toda esa piel muerta y todas esas cicatrices-
(¡cuando estamos a tiempo aún de salvar una parte:
aquí está la tragedia!),
esto también lo olvidamos gravemente;
en algún intervalo rebelde del estado consciente,
olvidamos que olvidamos y seguimos
olvidando que ya olvidamos previamente;
y así la destrucción de los ojos y de la memoria
-y de la única vida posible: la vida concreta-
(¡en progresión geométrica y terrible:
aquí el rigor del mundo, aquí su contumacia!)
queda apaciguada por el tiempo; la memoria
queda arrasada por el tiempo,
que es a su vez el desierto-campo-de-batalla
de la guerra entre real, interpretado y retenido;
y así (concédeme, mujer, que éstas son las conclusiones
más razonables respetando estrictamente tus premisas)
olvidamos que olvidamos y parece
que sólo pasa lo último que pasa,
que pasa la vida sin aportarnos más que pizza.
Nazim Hikmet
ACERCA DE VIVIR
I
El vivir no admite bromas.
Has de vivir con toda seriedad,
como una ardilla, por ejemplo;
es decir, sin esperar nada fuera y más allá del vivir;
es decir, toda tu tarea se resume en una palabra:
VIVIR.
Has de tomar en serio el vivir.
Es decir, hasta tal punto y de tal manera
que aun teniendo los brazos atados a la espalda,
y la espalda pegada al paredón,
o bien llevando grandes gafas
y luciendo bata blanca en un laboratorio,
has de saber morir por los hombres.
Y además por hombres que quizás nunca viste,
y además sin que nadie te obligue a hacerlo,
y además sabiendo que la cosa más real y bella es
VIVIR.
Es decir:
has de tomar tan en serio el vivir
que a los setenta años, por ejemplo,
si fuera necesario plantarías olivos
sin pensar que algún día serían para tus hijos;
debes hacerlo, amigo, debes hacerlo,
no porque, aunque la temas, no creas en la muerte,
sino porque vivir es tu tarea.
II
Sucede, por ejemplo,
que estamos muy enfermos;
que hemos de soportar una difícil operación;
que cabe la posibilidad
de que no volvemos a levantarnos de la blanca mesa.
Aunque sea imposible no sentir
la tristeza de partir antes de tiempo,
seguiremos riendo con el último chiste,
mirando por la ventana para ver
si el tiempo sigue lluvioso,
esperando con impaciencia
las últimas noticias de prensa.
Sucede, por ejemplo, que estamos en el frente,
por algo, por ejemplo, que vale la pena que se luche.
Nada más comenzar el ataque, al primer movimiento,
Puede caerse cara a tierra, y morir.
Todo esto hemos de aceptarlo con singular valor,
y a pesar de todo, preocuparnos apasionadamente
por esa guerra que puede durar años y años.
Sucede
que estamos en la cárcel.
Sucede
que nos acercamos
a los cincuenta años,
y que falten dieciocho más
para ver abrirse las puertos de hierro.
Sin embargo, hemos de seguir viviendo con los de fuera,
con los hombres, los animales, los conflictos y los vientos,
es decir, con todo el mundo exterior que se halla
tras el muro de nuestros sufrimientos;
es decir: estemos donde estemos
hemos de vivir
como si nunca hubiésemos de morir.
III
Se enfriará este mundo,
una estrella entre las estrellas;
por otra parte una de las más pequeñas del universo,
es decir, una gota brillante en el terciopelo azul,
es decir, este inmenso mundo nuestro.
Se enfriará este mundo un día,
algún día se deslizará
en la ciega tiniebla del infinito
-no como una bola de nieve,
no como una nube muerta-,
como una nuez vacía.
Desde ahora mismo se ha de sufrir por todo esto,
ha de sentirse su tristeza desde ahora,
tanto ha de amarse el mundo en todo instante,
se le ha de amar tan conscientemente
que se pueda decir: "HE VIVIDO".
El vivir no admite bromas.
Has de vivir con toda seriedad,
como una ardilla, por ejemplo;
es decir, sin esperar nada fuera y más allá del vivir;
es decir, toda tu tarea se resume en una palabra:
VIVIR.
Has de tomar en serio el vivir.
Es decir, hasta tal punto y de tal manera
que aun teniendo los brazos atados a la espalda,
y la espalda pegada al paredón,
o bien llevando grandes gafas
y luciendo bata blanca en un laboratorio,
has de saber morir por los hombres.
Y además por hombres que quizás nunca viste,
y además sin que nadie te obligue a hacerlo,
y además sabiendo que la cosa más real y bella es
VIVIR.
Es decir:
has de tomar tan en serio el vivir
que a los setenta años, por ejemplo,
si fuera necesario plantarías olivos
sin pensar que algún día serían para tus hijos;
debes hacerlo, amigo, debes hacerlo,
no porque, aunque la temas, no creas en la muerte,
sino porque vivir es tu tarea.
II
Sucede, por ejemplo,
que estamos muy enfermos;
que hemos de soportar una difícil operación;
que cabe la posibilidad
de que no volvemos a levantarnos de la blanca mesa.
Aunque sea imposible no sentir
la tristeza de partir antes de tiempo,
seguiremos riendo con el último chiste,
mirando por la ventana para ver
si el tiempo sigue lluvioso,
esperando con impaciencia
las últimas noticias de prensa.
Sucede, por ejemplo, que estamos en el frente,
por algo, por ejemplo, que vale la pena que se luche.
Nada más comenzar el ataque, al primer movimiento,
Puede caerse cara a tierra, y morir.
Todo esto hemos de aceptarlo con singular valor,
y a pesar de todo, preocuparnos apasionadamente
por esa guerra que puede durar años y años.
Sucede
que estamos en la cárcel.
Sucede
que nos acercamos
a los cincuenta años,
y que falten dieciocho más
para ver abrirse las puertos de hierro.
Sin embargo, hemos de seguir viviendo con los de fuera,
con los hombres, los animales, los conflictos y los vientos,
es decir, con todo el mundo exterior que se halla
tras el muro de nuestros sufrimientos;
es decir: estemos donde estemos
hemos de vivir
como si nunca hubiésemos de morir.
III
Se enfriará este mundo,
una estrella entre las estrellas;
por otra parte una de las más pequeñas del universo,
es decir, una gota brillante en el terciopelo azul,
es decir, este inmenso mundo nuestro.
Se enfriará este mundo un día,
algún día se deslizará
en la ciega tiniebla del infinito
-no como una bola de nieve,
no como una nube muerta-,
como una nuez vacía.
Desde ahora mismo se ha de sufrir por todo esto,
ha de sentirse su tristeza desde ahora,
tanto ha de amarse el mundo en todo instante,
se le ha de amar tan conscientemente
que se pueda decir: "HE VIVIDO".
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